Todavía estoy, (que ya es
bastante), en este Territorio asolado por hordas salvajes de chacareros, estancieros, empresarios, delincuentes sindicales, diputeados, cenadores, gob-errantes, escribas publicistas de pluma sumisa y bien pagada, profesionales chacarerizados, jueces estancieros y otras variantes, de la
Codiciosa especie Homo Consumens; que han desatado una guerra que recién comienza, (y nadie sabe como terminará).
Estos Codiciosos Fanáticos, propietarios de todo, (incluído el propio
Estado), con el que compiten, o no, según sea la banda fascista que lo
conduce; para mantener sometidos a los habitantes, los idiotizan con una Droga Social,
(aplicada desde la cuna a la tumba), por una Secta de Teófagos,
(sostenida por el Estado), que adora un fetiche patibulario, donde tienen clavado al
Dios y que en un ritual llamado Comeunión, se morfan en forma de Bhostia.
El Estado también fomenta y promociona otra potentísima Droga Social aplicada a toda la población, a través de Empresas de Espectáculos Deportivos y Publicitarias, que son verdaderas Fábricas de Pelotudos Absolutos,
(con varios tipos de pelota).
Con el advenimiento de la Globoludización, consolidada en la era del
Beduinado,
a estas drogas sociales les han sumado una masiva provisión de drogas químicas,
que incrementaron la irracionalidad y la violencia, en la
población del territorio.